Disfrutemos de las vacaciones

Con frecuencia las siempre deseadas vacaciones se acompañan de cambios sustanciales, cuando no radicales, en el ritmo de vida, la alimentación, el ejercicio físico e, incluso, el lugar donde habitamos; y todo ello, además de nuevas experiencias, también entraña ciertos riesgos para la salud que conviene conocer y, por supuesto, minimizar.

Lo primero -básico- es desconectar del trabajo y de todos los artilugios (PC, tabletas, smartphones, etc.) que si bien resultan de inestimable ayuda en nuestra vida laboral, se convierten en un auténtico estorbo durante el período vacacional. Así que, libérate por unos días. Date un respiro tecnológico. Descubre el placer de pasar de volver a la pura y simple realidad sensible. Mal no puede hacer.

Salvo que se viaje al hemisferio sur, en agosto es importante protegerse de del sol; y para eso está la ropa, los sombreros, las gafas oscuras, los fotoprotectores (mínimo FPS 15) y, por supuesto, una buena sombra. En los tiempos que corren, tostarse desnudo al sol no es una buena idea; y ni se diga en una playa tropical entre 10 de la mañana a 5 de la tarde, que es cuando más pegan los rayos ultravioletas. Cuidado, pues, con las quemaduras y las insolaciones; porque, en casos extremos pueden ser mortales, y si no tienes cuidado, fácil que te pueden estropear unas prometedoras vacaciones.

En cualquier circunstancia, hay que mantenerse bien hidratado; y para ello, no hay nada mejor que beber agua de buena calidad en abundancia -mínimo de 1,5-2 l/día-. Para quitar la sed funciona mucho mejor que cualquier bebida alcohólica o refresco edulcorado, diga lo que diga la publicidad. Seguro.

Las comilonas hipercalóricas se deben evitar en lo posible, sobretodo, las nocturnas. Al contrario, hay que procurar que las ensaladas variadas, las sopas de verduras frías (gazpacho, salmorejo, etc.), la fruta de temporada en cualquiera de sus muchas y jugosas variedades y las verduras poco cocinadas en cantidades moderadas predominen en la alimentación veraniega; aunque eso sí, según donde estés, cuida de que no estén contaminadas. Así pues, ojo con lo qué comes y dónde lo comes.

Cuando no se está a lo largo del año en buena forma física, someter el cuerpo a esfuerzos desmesurados de repente o practicar deportes extremos sin el entrenamiento apropiado son auténticas majaderías; es decir, ganas de echar a perder estúpidamente unas buenas vacaciones. Por supuesto que hacer ejercicio es muy sano; pero con moderación proporcional a las condiciones físicas de cada quien. O sea que procura aprovechar estos días para hacer más ejercicio, pero con moderación.

Cuidado con ciertos insectos. Algunas especies no sólo son molestas, sino que también pueden transmitir enfermedades graves, sobretodo, en países tropicales. Ergo, importante vacunarse si procede; y de todos modos, en zonas rurales es imprescindible ir armado con un arsenal de repelentes y dormir siempre bajo la protección de buenas mosquiteras. Como mínimo.

Tal vez no haya nada más saludable en esta vida que el sexo; y desde luego, las vacaciones invitan a practicarlo con más asiduidad de la habitual. No obstante, en caso de relación sexual ocasional es de una insensatez extrema hacerlo sin condón. Usados correctamente, los preservativos funcionan razonablemente bien como contraceptivos; pero además, minimizan el riesgo de contagio de SIDA, hepatitis C, Zika y demás enfermedades de transmisión sexual. No olvidar nunca, ni bajo los efectos del alcohol.

Siempre es recomendable viajar con un botiquín que, al menos, pueda resolver mareos, dolores de cabeza, picadas de insecto, alergias, diarreas, fiebre, llagas, rozaduras y heridas leves; pero desde luego, es imprescindible si se padece alguna enfermedad. En este caso, además, conviene llevar suficiente cantidad de medicamentos y disponer de algún seguro de asistencia médica válido allá donde se vaya. Por si las moscas.

En caso de emprender un viaje largo en avión o autobús es conveniente prevenir el llamado síndrome de la clase turista. Para ello, además de mover manos, brazos, piernas y pies de vez en cuando, solo hay que levantarse cada cierto tiempo y darse un garbeo por el pasillo. En verdad cuesta poco.

Finalmente, tampoco hay que olvidar que, más pronto que tarde, tocará regresar de nuevo a la rutina; y esto, es claro, también precisa cierto entreno. Por tanto, es aconsejable reservar algún que otro día para recuperar horarios, ritmo de comidas y mentalizarse; pues, llegados a este punto, lo más inteligente es alegrarse por lo mucho o poco disfrutado y, ante todo, no dejarse caer en una depre postvacacional. Es tiempo perdido. Al fin y al cabo, además de necesario, trabajar también es una fuente importante de gratificación personal, incluso más allá del dinero que nos proporciona.

Y ya solo queda desear que las disfrutéis de lo lindo.

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